
La cuarta trama global ya está en marcha.
La noche se cierne sobre el internado Neverhood. Como es costumbre, los alumnos, en pequeñas dosis y con cierta parsimonia, se acercan al gran comedor para hacerse con una suculenta cena que llevarse a la boca. Los pasillos están llenos de pasos, cuchicheos y risas varias y despreocupadas que, poco a poco, se van perdiendo, convirtiéndose en un eco lejano que termina por apagarse una vez los portones de la inmensa estancia de cierran tras los jóvenes más rezagados, creando un fuerte estruendo, sumiendo el resto de la edificación en un sepulcral silencio. En el interior del comedor, ya todos toman asiento, sirviéndose puré de patata, haciéndose con generosos vasos de zumo, ajenos a todo lo que pueda estar ocurriendo de puertas afuera.
El sonido de los cubiertos y comentarios varios apagan cualquier eco que pueda proceder del exterior. Los propios profesores, acomodados en una mesa horizontal al fondo de la sala, hablan despreocupadamente, permitiéndose el lujo de dejar a los estudiantes a su libre albedrío mientras transcurren las mesas, hablando de trivialidades referentes al curso escolar. Todo en calma; la paz pulula a su antojo entre las paredes, o eso es lo que piensa la mayoría. Algunos de los alumnos, entre los cuales te encuentras tú, sienten una extraña sensación, una incomprensible opresión en el pecho que no parece mitigar. Absurdo, eso es lo primero en lo que piensas y, sin embargo, una parte de ti no puede evitar chillarte que estés alerta. Algo no anda bien, lo presientes. La cuestión es, ¿el qué?
Miras a tu alrededor, quizás ignorando a alguna persona que trata de hablar contigo, o cualquier catapulta de puré de patata de un compañero aburrido, que impacta sin remedio en tu cara, dejándola, al igual que parte de tu jersey azul marino del uniforme escolar, manchado de la masa blancuzca y espesa. Pero no por ello mitigas tu angustia, esa que comienza a arremolinarse sin pausa dentro de ti, mientras continúas una búsqueda que no entiendes con la mirada. Pero, a lo mejor, uno de vosotros, tan sólo el más observador, se de cuenta de ese pequeño detalle, esa minucia que, con toda probabilidad ha sido ignorada por todos y puede ser esencial para los acontecimientos de esta noche.
¿Qué hace ese asiento vacío al final de la mesa en la que estás sentado?
El sonido de los cubiertos y comentarios varios apagan cualquier eco que pueda proceder del exterior. Los propios profesores, acomodados en una mesa horizontal al fondo de la sala, hablan despreocupadamente, permitiéndose el lujo de dejar a los estudiantes a su libre albedrío mientras transcurren las mesas, hablando de trivialidades referentes al curso escolar. Todo en calma; la paz pulula a su antojo entre las paredes, o eso es lo que piensa la mayoría. Algunos de los alumnos, entre los cuales te encuentras tú, sienten una extraña sensación, una incomprensible opresión en el pecho que no parece mitigar. Absurdo, eso es lo primero en lo que piensas y, sin embargo, una parte de ti no puede evitar chillarte que estés alerta. Algo no anda bien, lo presientes. La cuestión es, ¿el qué?
Miras a tu alrededor, quizás ignorando a alguna persona que trata de hablar contigo, o cualquier catapulta de puré de patata de un compañero aburrido, que impacta sin remedio en tu cara, dejándola, al igual que parte de tu jersey azul marino del uniforme escolar, manchado de la masa blancuzca y espesa. Pero no por ello mitigas tu angustia, esa que comienza a arremolinarse sin pausa dentro de ti, mientras continúas una búsqueda que no entiendes con la mirada. Pero, a lo mejor, uno de vosotros, tan sólo el más observador, se de cuenta de ese pequeño detalle, esa minucia que, con toda probabilidad ha sido ignorada por todos y puede ser esencial para los acontecimientos de esta noche.
¿Qué hace ese asiento vacío al final de la mesa en la que estás sentado?
Los particicpantes son:
- Leoa
- Gabriella Tyler
- Mathew Shepher
- Markus
- Katherine Krentz
- Victoria Morgan
- Melody Carver
- Jackson S. Vengeance